Me interesa la relación realidad-ficción de los dos escenarios o paisajes en los que nos movemos al mismo tiempo: uno podría describirse como la realidad «objetiva» con la que nos tropezamos física o socialmente, el otro es el paisaje que forman a nuestros anhelos, esperanzas, miedos y prejuicios. Pero, sobre todo, me interesa la zona periférica, el punto intermedio, donde se encuentran los dos escenarios. Como si nuestros deseos y temores fueran personajes de una obra de teatro y representaran un drama (¿o tal vez una comedia?) en la que los reflejos ambiguos, los juegos ficticios y las fragmentaciones toman el relevo.
El interés por la fragilidad y caducidad de lo existente es una constante en mi obra. A ello alude la serie de fotografías de trapos en el taller. Igualmente las nubes que fotografío y pinto continuamente podrían ser una metáfora de nuestra propia fugacidad. Sin embargo, esa precariedad en el tiempo entraña cierta belleza y dignidad de algunos instantes irrepetibles, ya sea de unas decenas de nuestros años, los segundos de manifestación de una nube o esa misma “vida” fugaz de un trapo con restos de pintura. De mi pintura, destacaría su anhelo espacial. Quizá porque mi trabajo proviene de la escultura, persigo la profundidad como si fuera a golpe de cincel. Los paisajes o cielos están construidos con estructuras tridimensionales superpuestas combinando amplias zonas de veladuras con planos en perspectiva y enérgicas pinceladas. Se alternan transparencia y opacidad con fuertes contrastes de color y dinamismo compositivo. El expresionismo abstracto, el arte japonés y la pintura veneciana son fuentes de inspiración. La luz y color venecianos con su voluptuosidad y dinamismo junto al expresionismo y ansia constructiva de, por ejemplo, Frank Auerbach forman otro de los contrastes de los que surge mi trabajo. Hay una ambivalencia entre el arrebato de las representaciones barrocas, de su apreciación de la vida como sueño, y el deseo ascético proveniente de algunas filosofías y estéticas orientales, que también se plantean lo que es esencial e ilusorio. Los dibujos de retratos de Aulio Vitellio, Inocencio X, Publio y Domiziano fueron realizados en Roma durante mi estancia como becario de la Academia Española. Son estudios de esculturas y formaron parte de un proyecto sobre su presencia en la ciudad eterna.