Cori Mercadé

(Barcelona, 1968)

Hace diez años Cori Mercadé creó una serie de 40 dibujos titulados Verónica, haciendo referencia a una historia recogida en los evangelios apócrifos: la de la mujer que se apiadó de un hombre que sufría y se acercó a él con un gesto de generosidad y cuidado, para aliviar su dolor. Se produjo un milagro: el rostro divino quedó retratado en el paño que la mujer ofrecía.
La artista eligió como protagonista de sus dibujos el paño, el gesto amoroso, sanador y compasivo de la Verónica, y no la huella del rostro ni la hazaña milagrosa. El paño es la Verónica.
Cori Mercadé tomó como punto de partida un motivo iconográfico con una larga tradición en la historia del arte, como ya había hecho en algunos trabajos anteriores (con la Piedad, la Santa Generación, el Stabat Mater…). Considerando la historia del arte como un catálogo de emociones, experiencias y sentimientos, la artista se acerca a la tradición iconográfica con los ojos limpios de significados preestablecidos, para iniciar reflexiones que nos despiertan otros sentidos de lo representado.
El tejido del paño y el trazo del dibujo, trama y urdimbre de líneas y rayitas verticales y horizontales. Gesto repetido, a veces obsesivo, casi automático. Es dibujando cómo se encuentra el sentido y se permite la aparición de otras imágenes: verónica de insomnio, de silencio, visionaria, tejida, de caos nocturno, de piel, carnal, de estallido, de alquimia, desbordada, ingrávida, de presencia, de un sofoco, de una aparición, de piedra de luna…
Un trazo que va ocultando la imagen del paño, tan tenue que se vuelve cada vez más evanescente y brumoso. El paño, de tanto aligerarse en las Verónicas ingrávidas, revela la piedra: iconografía inédita.
Fragmento del texto escrito por María José González Madrid